Durante cientos de millones de años, el enfriamiento del interior lunar provocó una contracción gradual que dejó huellas en la superficie, entre ellas fracturas asociadas a la deformación de la corteza.
Un mapa reciente de más de 10.000 fallas permitió medir ese proceso y mostró que el radio de la Luna disminuyó unos 45 metros durante los últimos 400 a 800 millones de años.
La cifra describe un cambio extremadamente lento, pero ayuda a responder una pregunta vigente para la investigación lunar: cómo se reparten las presiones que todavía afectan a la capa exterior de la Luna y qué zonas podrían ser más estables.
El estudio, publicado en la revista The Planetary Science Journal, no predice cuándo ni dónde ocurrirá un sismo lunar, ni identifica sitios para futuras misiones. Sin embargo, señala que las fracturas se distribuyen por gran parte de la superficie y aporta información útil para evaluar las condiciones del terreno ante posibles actividades humanas.
La investigación fue encabezada por Thomas R. Watters, científico emérito del Centro de Estudios de la Tierra y los Planetas del Museo Nacional del Aire y el Espacio del Smithsonian.
El equipo examinó imágenes de la cámara del Orbitador de Reconocimiento Lunar de la NASA, una misión que reunió millones de registros de la superficie de la Luna durante 17 años.
A partir del análisis de esas imágenes, los investigadores identificaron más de 10.000 fallas geológicas recientes, es decir, fracturas de la corteza lunar en las que se produjo un desplazamiento del terreno.
En este caso, esas marcas se originan por fuerzas de compresión, que aparecen cuando el interior lunar se enfría, ocupa menos volumen y obliga a la superficie sólida a ajustarse.
Los investigadores analizaron escarpes lobulados, desniveles curvos originados por la compresión del terreno, y pequeñas crestas presentes en los mares lunares. Estas regiones, pese a su nombre, no contienen agua, sino que son extensas llanuras oscuras visibles desde la Tierra. Ambas formaciones geológicas presentan indicios de desplazamientos a lo largo de fallas.
Según el estudio, el radio de la Luna se redujo aproximadamente 45 metros durante un período de entre 400 y 800 millones de años, como consecuencia del enfriamiento y la contracción de su interior.
Si el ritmo se hubiera mantenido constante, la contracción habría sido de entre seis y 11 centímetros por millón de años. La variación anual equivale a unos 0,1 micrómetros, mil veces menos que un milímetro.
La comparación con la Tierra permite entender por qué importa la distribución de las fallas. En el planeta, alrededor del 90% de la actividad sísmica ocurre cerca de los bordes de las placas tectónicas, que son grandes bloques rígidos de la capa exterior.
La Luna, en cambio, se comporta como un cuerpo de una sola placa, según explica un comunicado del Smithsonian. Por eso, las presiones que genera el enfriamiento interno no se limitan a zonas específicas.
Las fallas asociadas con la contracción están repartidas por toda la superficie, y su movimiento puede provocar sismos lunares en distintas regiones.
“La cantidad de estas fallas jóvenes reveladas en las imágenes de la cámara del Orbitador de Reconocimiento Lunar es mucho mayor de lo que imaginé”, afirmó Thomas R. Watters, científico emérito del Centro de Estudios de la Tierra y los Planetas del Museo Nacional del Aire y el Espacio Smithsonian, según el comunicado institucional.
Watters señaló además que, mientras el interior lunar continúe enfriándose y contrayéndose, las fallas existentes podrían seguir creciendo y podrían formarse otras nuevas. Sin embargo, aclaró que se trata de una proyección sobre la continuidad del proceso geológico, no de un pronóstico sobre cuándo o dónde ocurrirá un próximo sismo.
El mapa no muestra una distribución igual en toda la Luna. Las zonas de corteza más gruesa reúnen menos fallas, de acuerdo con el comunicado del Smithsonian.
El resultado sugiere que esas áreas podrían ser más estables que las regiones con una capa exterior más delgada, aunque la investigación no clasifica lugares aptos para misiones.
El estudio propone una explicación sobre la expansión de las fracturas. Según el trabajo, una capa exterior antigua, espesa, porosa y muy fracturada pudo haber demorado la salida de calor desde el interior lunar.
Esa capa habría funcionado como aislante y habría retrasado tanto el enfriamiento como la contracción extendida. Cuando el interior perdió calor de manera gradual, aumentaron las fuerzas que comprimen la corteza y se formaron más fallas.
El estudio ofrece un registro de las estructuras del terreno para analizar esa cuestión, pero las fallas detectadas no permiten predecir la actividad sísmica.




